Ruta del Camino Real
- ALONSO QUIJANO ME
- hace 18 minutos
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Un centenar de personas, llegadas incluso desde fuera de la localidad y de todas las edades, participaron en la noche de ayer en la Ruta del Camino Real de Miguel Esteban.
Después de la espectacular Ruta Medieval del Mirabel del Ateneo de Miguel Esteban, magistralmente guiada por Vicente Torres Encinas, la historia del Lugar de la Mancha volvió a caminar por sus calles y caminos con la celebración de la Ruta sobre el Camino Real de Toledo a Murcia a su paso por la localidad, una propuesta cultural de la Concejalía, que permitió descubrir, de una manera diferente, la profunda huella que esta antigua vía de comunicación dejó en la población desde el siglo XIII.

La actividad estuvo guiada por el profesor e investigador José Ramón Rescalvo Patiño, autor del trabajo de investigación sobre el Camino Real de Miguel Esteban.

El punto de partida fue el Cementerio Municipal, un enclave especialmente sugerente y misterioso a esas horas de la noche, situado precisamente junto al trazado histórico del Camino Real. A partir de ahí, los participantes emprendieron un recorrido por distintos espacios vinculados a esta antigua ruta, mientras la luna llena y la música que acompañó la actividad contribuían a crear una atmósfera muy especial, convirtiendo la experiencia en una noche verdaderamente única e inolvidable.
El Camino Real de Toledo a Murcia fue durante siglos una de las grandes arterias de comunicación de la Península. Atravesaba Miguel Esteban y conectaba el centro de Castilla con Murcia y Cartagena, siendo utilizado por viajeros, comerciantes, arrieros, soldados y todo tipo de personas y mercancías. La documentación histórica permite constatar el transporte por esta vía de productos como seda, alumbre, salitre, lana, vino, cereal y otros bastimentos.

La primera parada permitió conocer el Camino de Villacañas, por donde el Camino Real penetraba en el término miguelete después de atravesar el río Cigüela junto al antiguo Molino del Viejo. Este molino, documentado ya en las Relaciones de Felipe II de 1575, estaba vinculado a la Capellanía de Santa Lucía. Desde allí, la antigua vía atravesaba la Encomienda de Mirabel y su monte del Chaparral.
Uno de los primeros descubrimientos fue el denominado Cuarto de Oncearrobas, cuya toponimia ha llegado hasta nuestros días. El nombre guarda una curiosa relación con una antigua romana capaz de pesar hasta once arrobas y con uno de los episodios que Cervantes incluyó en Don Quijote, el conocido cuento del vecino que pesaba once arrobas.
El recorrido continuó por el Cerro de la Horca, en cuya ladera se encuentra actualmente el Cementerio Municipal. La documentación del siglo XVII ya lo denomina Cerrillo de la Horca, mientras que los pleitos relacionados con la jurisdicción de Miguel Esteban permiten conocer la existencia de la horca y de otros símbolos de la justicia de la antigua villa.
Precisamente el Cementerio Municipal constituyó uno de los momentos más especiales de la ruta. El actual camposanto fue construido en 1894 sobre unos terrenos que anteriormente eran parcelas agrícolas situadas entre el Camino de Villacañas y el Camino del Mirabel. El Catastro de Ensenada de 1753 permite localizar allí el paraje denominado Arriba la Vega y sus propietarios, los Villaseñor y los Ludeña.
Después llegó La Vega, un espacio que antiguamente tenía una fisonomía completamente diferente a la actual. Era una zona húmeda alimentada por las aguas que de un arroyo que descendía desde las elevaciones cercanas y que servía de abrevadero para animales. En determinados periodos llegó a ocupar más de 20 hectáreas y las condiciones insalubres de estos terrenos estuvieron relacionadas históricamente con las denominadas fiebres tercianas.
Junto a ella se recordó también la existencia del Molino de Viento del Comisario, relacionado con Cristóbal Muñoz Novillo, comisario del Santo Oficio, cuyos restos todavía permanecen en el término municipal.

La siguiente parada fue el antiguo Calvario, situado a la entrada de la población y documentado ya en el siglo XVI. Según la investigación, habría estado formado originalmente por tres cruces de madera y permaneció en aquel lugar hasta su traslado, posteriormente, a la antigua ermita de Santa Ana. El lugar aparece además relacionado con los célebres pleitos de los Acuña de 1581.

POSADAS, BODEGAS, HIDALGOS Y PERSONAJES CERVANTINOS
El Camino Real conducía después hasta la antigua Posada de la esquina de la Calle del Santo, documentada desde el siglo XVI. El establecimiento contaba además con tienda de aceite y pescado y estuvo relacionado con distintos episodios y personajes de la historia local. En 1581, incluso, aparece vinculada a la familia Acuña.
Los asistentes pudieron conocer también la importancia de las casas y bodegas que se situaban alrededor del trazado. El desnivel del terreno permitió excavar numerosas cuevas utilizadas como bodegas, entre ellas una vinculada a los Acuña y a la Casa de la Capellanía de Santa Lucía. Su interés cervantino resulta especialmente llamativo, puesto que la documentación que encontró F.J Escudero ha permitido relacionar dos personajes de dos obras cervantinas diferentes como son Haldudo del Quijote y los Villaseñor del Persiles.

Otro de los lugares fundamentales fue el entorno del Mesón de Baena y Las Esquinillas, donde el Camino Real realizaba una doble curva junto a la Calle Real de la Iglesia. Los pleitos de los Acuña sitúan aquí diversos episodios de enfrentamientos protagonizados por miembros de las familias hidalgas de la localidad. El propio Mesón de Baena aparece documentado junto a las casas de los Villaseñor.
Desde allí, la ruta condujo hasta la Plaza de la Cruz Verde, otro enclave cargado de historia. El nombre procede del símbolo relacionado con la Inquisición y la plaza constituía además un espacio comunal utilizado para la carga y descarga de mercancías.
En este punto se recordó también la denominada “Paradilla”, un derecho de paso y de actividad comercial asociado al Camino Real que los hidalgos gestionaban.

La ruta permitió igualmente detenerse ante la Casa Acuña, vinculada a la familia de hidalgos que protagonizó algunos de los episodios más llamativos de la historia miguelete del siglo XVI. La investigación documental relaciona el inmueble actual con una antigua casa de Juan Patiño y con los linajes Patiño, Bustos, Villaseñor y Acuña.

EL CAMPILLO, EL CAMINO VIEJO, LA PEÑUELA Y EL CERRO GORDO
El recorrido prosiguió por El Campillo, un antiguo espacio llano situado a los pies de la población y relacionado históricamente con cultivos, huertas, norias y azafranales. La documentación del siglo XVI sitúa allí algunos de los episodios protagonizados por los Acuña. Pero, además, el lugar adquiere una especial dimensión cervantina, ya que la investigación señala que por este espacio debía pasar el viajero obligatoriamente que llegara a Miguel Esteban desde El Toboso.

A continuación, los participantes conocieron la bifurcación del Camino Viejo del Toboso, perfectamente documentada desde comienzos del siglo XVII. Este trazado alternativo se relaciona con la necesidad de evitar las zonas húmedas de Los Charcones, especialmente durante los periodos de lluvias y nevadas. En sus inmediaciones se encuentran parajes como Las Costeras y La Sortija, esta última vinculada a un antiguo juego de habilidad ecuestre practicado por los hidalgos como Pedro de Acuña que tenía lanza paraa sortija como aparece en la documentación encontrada por Javier Escudero y que cuenta con referencias cervantinas de las Novelas Ejemplares.
Entre un cielo con Luna llena y las estrellas que nos recordaron al escudo de los Villaseñor y el vuelo de Clavileño, el recorrido alcanzó finalmente La Peñuela, la conocida popularmente como Primera Cuesta del Toboso, donde tuvo lugar uno de los episodios más estremecedores de la historia de Miguel Esteban: el asesinato en 1556 del alcalde e hidalgo Gabriel de Tapia, cuyo cuerpo desnudo fue abandonado junto al Camino de El Toboso. Décadas después, en 1581, este mismo entorno volvería a ser escenario del ya internacionalmente conocido enfrentamiento protagonizado por Francisco de Acuña y Pedro de Villaseñor.

Fue precisamente en este entorno, a los pies de La Peñuela y junto a la Reserva Natural de Los Charcones, mirando al Cerro Gordo, a media legua de Miguel Esteban y también de El Toboso...Donde el hidalgo inmortal y su fiel escudero divisaron su aldea al no encontrar a Dulcinea en El Toboso, volviendo derrotado de Barcelona... Bajo la luz de la luna llena, el paisaje adquirió un particular aire de misterio y recogimiento, poniendo un broche especialmente evocador a una actividad que había permitido viajar varios siglos atrás sin abandonar el término municipal.

La próxima vez, llegaremos hasta El Toboso buscando los palacios de Dulcinea...!
Os dejamos la guía documentada de la Ruta:

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